Pedro Pablo Oliva, the master jugando

Silvia Llanes / Catálogo de la exposición Pedro Pablo Oliva, the master jugando
2008-07-29

“hijo de todas las alas, una sola entorpece al hombre: la ceguera”

Esta es la historia de un hombre que busca dar un sentido poético a su obra. La óptica crítica, la calidad técnica y la definida línea temática que aborda una parte del vivir cotidiano, constituyen una intención constante.  La experimentación unida al dominio absoluto del color y la textura para dar los conflictos del espíritu humano. Lo ingenuo y lo trágico. El dibujo saltando por encima de la pintura, la belleza de una expresión que puede parecer grotesca pero nunca corrosiva. La historia del hombre y su vida, del hombre y su mundo, del hombre y otros hombres.

En Oliva lo que aparentemente se presenta como juego consiste en una reflexión, un pensamiento de cuantos problemas hay y sobre los cuales no todos quieren fijar la vista. Es un camino justo, pero no es el más común, de todas formas el pintor nunca te deja solo, él parece decir: “ven a jugar conmigo”.

En casi treinta obras vamos a tratar de desentrañar la esencia de tan peligroso juego, donde la mente tiene que estar siempre alerta, pues la tarea no es nada fácil, se trata de llegar a una supuesta meta: -el bien; pero el medio para llegar a él es atrapando el mal; en fin como si volviéramos a llenar la caja de Pandora o lograr por medio de algún sortilegio que cada actitud llevada al lienzo quede cerrada allí y no vuelva a donde estuvo, el cuadro trampa, el cuadro caja de Pandora no esconde el mal, le muestra para estudiar como evitarlo. La posición es quizás otras regla del juego: la de francotirador, aparentemente cómoda pero también arriesgada; él es el encargado de cazar los males. Solitario, en la noche, detrás de la ventana, sin que el mundo lo vea, pero observándolo todo, recogiendo cada actitud malsana y encerrándola casi ingenuamente.

Esta es el fin la intención que siempre ha preocupado al artista, mostrar su entorno; pero en este caso Oliva toma de este lo que menos le gusta, lo que quisiera eliminar. La función de lo trágico, el dolor y la fealdad es la de revolucionar lo que se muestra. A su manera dice lo que le desagrada, lo que no quiere que esté. La intención no es reafirmar sino combatir. La honestidad de sus planes es el punto de unión entre cada serie, la correspondencia entre cada obra, la llamada de atención sobre los rostros amargos de la realidad que nos rodea.

“Los consejos de mamá” –que no siempre comparte con ella- hablan por sí solos, la “Condecoraciones” son la sátira punzante contra algunas actitudes negativas del ser humano, “Los navegantes” ofrecen la tragicomedia de un doloroso absurdo: cause preocupación o pena, ellos están ahí y se lanzan a la mar en irreales embarcaciones, tan frágiles como sus sueños, y la mar recogiéndolos y a veces sepultándolos.

Oliva no permite descanso, el juego es arriesgado y sin tregua; apaga y enciende los colores, saca la mancha y vuelve a asirla entre líneas tan sonrientes como dramáticas, pone a reír a pequeños monstruos hace actuar como adultos a niños y niñas, crea su propia poética de lo grotesco, compone cuidadosamente, armoniza belleza y fealdad pero al final el saldo es una carga de amor al hombre, a la esperanza y a la vida. Más, si aún alguien no quiere o no entiende como jugar su juego él se ofrece a explicarlo:

SM: ¿Por qué siempre pareces interesado en dar una imagen de ingenuidad y un mundo que alude al lenguaje de la niñez?

PPO: Si a veces empleo imágenes que recuerden la infancia es porque cuando hago imágenes de niños o niñas –supuestas imágenes infantiles- lo que está tratando son problemas de gente adulta. Atrapo con la imagen infantil, es un cebo, una trampa, pero no es solo un juego, no es solo un niño, de ahí parte a otras lecturas. Hay cosas personales que se fijan, por eso vuelvo allí, como un sitio de una historia triste, que he fijado. Quiero aliviar con la imagen de la infancia la crudeza de los problemas complejos que enfrenta la adultez.

SM: ¿Pretendes con tu obra que el espectador haga un doloroso parto de juicios esperanzadores? ¿Por qué la opción más difícil, la de hablar de las cosas feas?

PPO: Hay una canción de Silvio Rodríguez “Resumen de Noticias” que dice más o menos: “Yo he preferido hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado” Creo que me pasa algo parecido. Quiero cambiar cosas aunque me parezca imposible cambiarlas. Yo también prefiero hablar de lo imposible. Pero parto de un espíritu esperanzador. El bien es algo así como una meta. El bien tiene el bien en sí, ni me decido a mostrar el mal es para eliminarlo, atrapado el mal, me acerco al ideal, a la meta. No soy un hombre pero, voy cuestionando el mal y en ese andar este se me ha ido pegando a la piel. Espero que el mal no se adhiera demasiado, no quiero convertirme en el mal mismo, a veces pienso así pero el bien siempre triunfa.