Pequeñas Estampas

2012-01-26
“Divertimentos” o “Pasatiempos” pudiera ser también el nombre de esta colección de obras de pequeñas dimensiones, la mayoría con técnica mixta sobre cartón, que salen de las manos de Pedro Pablo. Un juego que realiza desde finales de los ’70 cuando comenzó su serie de “Pasatiempos “, expuesta en el Museo de Bellas Artes en el año 1982 y que eran muestra de la desbordante creatividad y laboriosidad juvenil del artista, esencias que no le han abandonado con el transcurso de los años. Ante la impresionante magnitud de un “Gran Apagón” (1994) o de “La extraña persistencia del deseo” (2002), “Homenaje a Rembrandt” (2000) -ambas de la serie “El artista y su modelo”- entre otras tantas, los espectadores de arte suelen, en ocasiones, demeritar el pequeño formato en su obra. Ante comentarios sobre el tema, Pedro Pablo siempre argumenta que la archiconocida Gioconda solo mide 77 x 53 cm y revolucionó la pintura durante el Quattrocento. Y no es que Pedro Pablo lleve nubes de grandeza, sino que ama la belleza de las pequeñas cosas. Recuerdo que a principio de los 2000 Oliva creaba adicción coleccionando la obra de pequeño formato de Irina Elén González, pintora pinareña que encontraba en este formato la manera de expresarse a la usanza de una tejedora de sueños. El pequeño formato demanda, como ningún otro, destreza técnica y control en la pincelada. Ambas cosas forman parte de las exigencias perennes que Pedro Pablo se impone como artista. En un recorrido riguroso por las estampas, descubriremos personajes que participarán tiempo después de sus grandes historias, e incluso, hallaremos sensibles referencias de la vida del pintor, que emergen como aquel que exorciza una parte de su existencia. Muchachas que amó, personajes cotidianos de su entorno, narraciones literarias, invenciones o mitos propios, forman parte del caudal creativo del pequeño formato. Algunos de estos personajes, disfrutan de la intimidad que les proporciona el artista, quien juega a enfrentarlos a sí mismos repletos de delicadeza o gozando de la crueldad. Son la expresión de un ser humano contradictorio, que no cuida de las apariencias o represiones que emanan de la interacción social. Estas inquietudes acompañan toda la obra de Oliva y nos recuerda la poética de muchos movimientos pictóricos, teatrales, cinematográficos o literarios de la segunda mitad del siglo XX donde se muestra la complejidad psicológica del hombre. “Felito y un insecto”, impactante historia de un personaje de su natal Pinar del Río; “Pelencho y Rosita” disfrutando de los aires románticos del Malecón, “Lidia y los rezos” o “Irene y la nostalgia”, “Los sueños de Toribio”, “Los amores de Filiberto”, historias de amores imposibles, o la propia serie del Gran Abuelo, retratos de un Fidel Castro fuera de los roles del liderazgo, forman parte de estas estampas personales que enriquecen la obra de este sorprendente maestro.

Manada de novias

Óleo/tela,40 x 33 cm
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2005