CANTO POR GENARO

2015-03-16

Genaro Benítez no es un hombre cualquiera, es un amigo especial, es un amigo de adolescencia. Vive hoy en Fort Lauderdale. Voy a visitarlo en cada viaje. Pasamos siempre juntos dos días de aventuras y juegos. Es de esos amigos que no les hizo daño ni la distancia, ni el tiempo, ni el dinero: solo los recuerdos.

Todavía empina papalotes y compartimos las chinatas a orillas de un canal que bordea su patio donde sembró pomarrosas, guayabas y canistel. No le falta el romerillo, la guanábana ni el marañón; pero su pasión mayor es cuando falta la brisa. Entonces echa a andar un extraño aparato enorme como un molino y la casa parece que partirá con el viento. Dice que así aleja a los fantasmas que lo acosan.

Partió de Cuba bajo una tormenta repleta de llantos. Genaro Benítez es mi amigo de adolescencia: voy a verlo en cada viaje. Yo como él, adoro el viento fuerte y el vaivén de los papalotes.

Hay heridas, Genaro, que serán improbables de olvidar. El mundo parece cambiar afuera. A veces se pare sin dolor, otras imposible. Se sientan los emisarios de los gobernantes a escondidas a tomar el vino de la esperanza, el futuro y la paz.

Nos duele que no nos hayan preguntado hace diez o quince años si queríamos olvidar los odios, sin tanta demagogia. Estoy seguro que hubiéramos dicho sí.

Los funcionarios y dirigentes siempre son tardíos, repletos de miedos. Cuando se decide el destino de una nación después de más de cincuenta años, lo m3now que se puede hacer es consultar al hombre de a pie; pero ellos disfrutan el oscuro laberinto del poder y el escabroso significado de cada palabra escrita.

Los años pasados se tiran en una bolsa y duele el corazón herido de mar y amores repletos de lejanías.

Lo que mata de veras son los que ya no podrán mirar nunca más el sol desde cualquiera de las dos orillas. A veces siento que la alegría nos puede cegar. ¿Quién pagará por las heridas y el tiempo robado por obra y gracia de la prepotencia desde cualquier sitio?

Habrá que hacerse el sonso. Olvidar cuando leían nuestras cartas. Olvidar cuando nos preguntaban si creíamos en Dios y mentir por aquello del futuro. Solo Dios sabe cada traición. Habrá, Genaro, que olvidar la censura puesta en la boca, los golpes y al oficial que nos dijo que no se podía hablar de otros caminos. Habrá que hacer de tripas corazón por la novia que tuvo que partir y lloraremos por el pez que nos prohibían comer como el pecado eterno de la manzana. Nos duele. Pero tendrá que ser así.

Espero nos pregunten un día si cambiamos o no la Constitución, o si se hará un referéndum preguntando si se acepta o no la existencia de otro partido. Nos han hecho partícipes de batallas menos importantes donde no se decidía el destino de la Patria.

Los de casa picaran el cake un 17 de diciembre, soplaran las velitas y lo convertirán en el Día Nacional de la Reconciliación o el engaño… Será feriado pero estará prohibido hablar horrores de los vestidos de verde que seguirán siendo intocables por obra y gracia de las nuevas leyes. “No hay nada más hermoso que el perdón”, será la consigna.

Prepara, Genaro, tu vieja mochila de viaje. Volverás junto a Ernesto, el arquitecto y Concha, la cocinera. Volverán Julia, la maestra de Química con sus ya viejas y hermosas piernas. Pancho y Pepe volverán a jugar con nosotros y también, ¿por qué no?, nuestras tristezas.

Todavía arde en el patio la fogata que prendimos a tu partida aquella noche, nunca la apagué. Solo ya no estará mamá, ni Mayra, ni Julita: aquellos amores que nos abrieron al goce y al vuelo.

Te esperan, eso sí, el naranjo y las buganvillas, los gorriones y los que nunca traicionamos tu llanto.

Echa a andar el molino, Genaro. El mundo cambiará gústele o no a los abuelos.